La razón corriente mide la capacidad de una empresa para cubrir sus obligaciones de corto plazo con sus activos de corto plazo.
La razón corriente (o índice de liquidez corriente) es la prueba de liquidez más básica: compara lo que la empresa tiene disponible o convertible en efectivo en menos de un año contra lo que debe pagar en ese mismo plazo.
Un valor mayor a 1 significa que los activos corrientes alcanzan para cubrir los pasivos corrientes. Demasiado alta, sin embargo, puede indicar activos ociosos (exceso de inventario o caja sin usar).
Suele considerarse saludable un valor entre 1.5 y 2.0. Por debajo de 1.0 puede haber tensión de liquidez; muy por encima de 2.0, posibles activos ociosos.
La prueba ácida excluye los inventarios del numerador, por lo que es una medida de liquidez más exigente.
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